Andrés Manuel López Obrador

En la memoria reciente de México, pocos políticos están tan ligados a un auto como Andrés Manuel López Obrador a su Volkswagen Jetta Clásico blanco 2013. Durante su presidencia y después de ella, el sedán modesto condensó su discurso de austeridad: sin blindaje, sin escoltas ostentosas, solo un volante, carretera, historias y testigos cada día.
Junto a él, la escritora Beatriz Gutiérrez Müller y su hijo Jesús Ernesto reforzaron aquella imagen de familia sencilla saliendo del Palacio Nacional. El Jetta, alguna vez tasado en unos 11.500 dólares, trascendió la anécdota automotriz y terminó convertido en emblema rodante de la llamada austeridad republicana frente a la vieja pompa presidencial tan costosa.
Luis Miguel

Cuando se habla de pop latino, pocos nombres desatan tantas fantasías como Luis Miguel, y no sólo por sus baladas eternas. Dicen que en algún garaje secreto descansa un Rolls-Royce Phantom 2013, casi seis metros de elegancia británica, motor V12 y presencia diseñada para eclipsar cualquier alfombra roja ante cámaras, flashes, curiosos y rumores insaciables.
Dentro de ese coche, cuentan, no sólo viajan guardaespaldas y productores: también van romances, contratos millonarios y noches interminables de gira. El Phantom guarda historias de camerinos, reconciliaciones, discusiones y brindis con champagne derramada. Más que un simple capricho, funciona como escenario privado donde el drama aprende a vestirse de seda para quien todos miran.
Poncho Herrera

En las calles donde se cruzan cámaras, rodajes y fanáticos nostálgicos de RBD, Poncho Herrera prefiere pasar casi desapercibido al volante de un Toyota Prius híbrido. Un auto pensado para consumir menos y contaminar menos, con potencia combinada suficiente para moverse con soltura entre foros, aeropuertos y locaciones sin perder ese aire discreto de galán responsable.
Mientras alterna proyectos internacionales como Ozark y éxitos latinos como La reina del sur, el Prius se convierte en su cómplice silencioso. Nada de rugidos estridentes ni derroches de gasolina: sólo eficiencia, comodidad y una imagen coherente con un actor que elige el bajo perfil. Lo verdaderamente ruidoso, al final, sigue siendo su carrera.
Paulina Rubio

Desde los noventa, Paulina Rubio se adueñó del apodo “Chica Dorada” y lo convirtió en marca registrada: discos, giras, escándalos y titulares. Entre éxitos como “Yo no soy esa mujer” y “Ni una sola palabra”, también hubo espacio para los caballos de fuerza de su Porsche 911 Carrera S, tan vistoso como su personaje público.
Ese deportivo, con líneas icónicas, motor poderoso y tecnología afinada para devorar autopistas, funcionó como credencial de lujo y éxito. Cada acelerón parecía acompañar un estribillo pegadizo, cada curva, una portada de revista. Confort, prestaciones y glamour se mezclan en un modelo que refleja la intensidad, ambición y brillo permanente de su carrera.
Ana María Torres

En el cuadrilátero dejó rivales en la lona y, fuera de él, decidió darle otro tipo de golpe a la vida: uno con olor a gasolina y pintura nueva. Ana María Torres, “La Guerrera”, mandó restaurar un Ford Customline ’54 rojo brillante para sorprender a su esposo y honrar una tradición familiar profunda y orgullosa.
El proyecto, realizado junto al programa Mexicánicos, resucitó el auto que fue de su bisabuelo y lo convirtió en trofeo sentimental sobre ruedas. Cuando ella entra al taller, mecánicos y cámaras obedecen sus indicaciones. Porque donde suenan pistones y llaves inglesas, también late una campeona capaz de derribar cualquier nostalgia con estilo, fuerza y ternura.
El Komander

Lejos de la discreción y de los motores tímidos, El Komander traslada sus corridos a la vida diaria con carrocerías de otro nivel. En su colección manda un Lamborghini Aventador, superdeportivo italiano de casi 450.000 dólares, diseñado para devorar asfalto mientras su imagen de exceso, lujo y peligro se multiplica en redes por todo México.
A su lado nunca falta el Corvette “Palomo”, sobreviviente de percances y reparaciones que ya alimentan la leyenda. Cuando ambos motores despiertan, vibran ventanales, se encienden celulares y nace una pasarela improvisada de corrido, cuero y tatuajes. En ese ruido de escapes, su personaje se vuelve imposible de ignorar, incluso apagado, para fans de adrenalina.
Hugo Sánchez

Lejos de colgar las botas del todo, Hugo Sánchez trasladó su gusto por la excelencia a los autos que hoy maneja. La figura mexicana que maravilló al Real Madrid con chilenas imposibles disfruta un clásico Mercedes-Benz 500 SEC, pieza que refleja esa mezcla de disciplina, lujo y nostalgia por un fútbol de otro tiempo.
En años recientes también se le ha visto al volante de SUV modernos como el Mazda CX-90, donde se combinan potencia, comodidad y sistemas tecnológicos de última generación. Cada trayecto parece un repaso de su carrera: arranque decidido, manejo preciso y final de ovación, como si cada semáforo fuera un estadio coreando “Hugol”.
Salma Hayek

Desde Veracruz hasta los sets más exclusivos del planeta, Salma Hayek transformó cada oportunidad en un salto de altura. De Teresa a Frida y de cintas de acción a superproducciones de Marvel, se consolidó como uno de los rostros latinos más influyentes, entre contratos millonarios, premios, activismo y una agenda donde casi no hay respiro.
Lejos de las cámaras, su gusto se inclina por autos de alta gama que combinan comodidad, tecnología y potencia digna de escenas de persecución. Ya sea a bordo de un sedán de lujo o de un deportivo que acelera sin titubeos, cada trayecto prolonga su imagen: elegante, decidida y con una presencia que nadie ignora.
César Costa

En la memoria musical de México, el nombre de César Costa sigue ligado al rock and roll elegante y bien peinado. Cantante, actor, productor, abogado y Embajador de Buena Voluntad de UNICEF, ha mezclado escenarios y foros con una pasión mecánica: un Jaguar capaz de alcanzar 220 kilómetros por hora en cada ruta que recorre.
Nacido en la Ciudad de México y hermano del también músico Ricardo Roca, cruzó generaciones sin perder sonrisa ni porte impecable. Hoy, cuando su Jaguar despierta en la cochera, parece encenderse otra vez la era dorada del rock mexicano, con cada cambio de velocidad marcando un compás que el tiempo respeta como vieja canción querida.
Yalitza Aparicio

Tras irrumpir en la conversación global con Roma, Yalitza Aparicio convirtió cada alfombra roja en un recordatorio de sus raíces oaxaqueñas. Hoy se desplaza en una Cadillac de lujo, valuada cerca de 100 mil dólares, donde se mezclan seguridad, potencia y discreción, ideal para una estrella que prefiere sonreír antes que presumir ante cámaras curiosas.
Entre rodajes, campañas y discursos por la igualdad, su camioneta funciona casi como camerino en movimiento: ahí repasa guiones, agenda y mensajes que inspiran a nuevas generaciones. Mientras avanza por la Ciudad de México, cada semáforo parece recordarle que su viaje apenas comienza y que el futuro todavía le guarda más portadas, historias y premios.
Alicia Villareal

La voz rasposa y el estilo norteño de Alicia Villareal marcaron generaciones enteras en radionovelas musicales, palenques y escenarios televisivos. Con éxitos como Te quedo grande la yegua y Ay papacito, levantó coros y botas por todo México mientras construía una carrera sólida, sin perder su gusto por la vida familiar siempre sencilla y auténtica.
Lejos de coleccionar superdeportivos, la cantante eligió consentir a los suyos con una Ford Econoline adaptada como sala de juegos rodante: juguetes, pantallas y risas acompañan cada trayecto. Entre giras, escuelas y vacaciones, ese vehículo demuestra que viajar juntos puede sentirse mejor que cualquier lujo, con banda sonora de ranchera y carretera a todo volumen.
Chema Torre

Entre reflectores, bocetos y libretos, Chema Torre se mueve con la seguridad de quien domina varios escenarios a la vez. Actor, diseñador y empresario, traslada su ojo estético al garaje, donde un Mercedes-Benz Clase V y una Cadillac Escalade funcionan como oficinas móviles, pasarela privada y refugio creativo, para proyectos, viajes, rodajes y escapadas familiares.
Cuando Chema toma el volante, cada llegada parece storyboard: ángulo de entrada, luces, ritmo y una banda sonora que mezcla regional, pop y silencio elegante. No necesita alfombra ni flashes extra; basta el brillo de la carrocería, su sonrisa calculada y la sensación de que el show apenas está empezando, en cada curva de camino.
Alejandro Fernández

Herencia, fama y escenarios llenos han acompañado a Alejandro Fernández, el “Potrillo”, en una carrera donde el mariachi convive con arreglos pop sofisticados. Entre giras, premios y noches interminables, uno de sus consentidos es el Mercedes-Benz Clase G, camioneta robusta que mezcla lujo extremo, presencia intimidante y comodidad absoluta en cada kilómetro de su ruta.
Cuando el Potrillo enciende esa camioneta, el rugido del motor parece mezclar tequila, aplausos y polvo de palenque. No necesita pista musical: el vehículo marca su propio compás entre rancheras y pop. Cada llegada, entre luces y cámaras, confirma que sigue cabalgando elegante, ahora guiando caballos de fuerza domados como si la noche fuera estadio.
Lupillo Rivera

Entre luces de escenario, tatuajes y titulares intensos, Lupillo Rivera ha construido una imagen donde el corrido suena tan fuerte como los motores que lo acompañan. Temas como “Despreciado” y “Grandes Ligas” lo han llevado a giras multitudinarias, mismas que suele coronar paseándose en su Aston Martin DB11, un deportivo británico de porte casi cinematográfico.
Ese auto, mezcla de lujo minimalista y potencia agresiva, es apenas una muestra del gusto del “Toro del Corrido” por las máquinas exclusivas. Se rumora que posee más de un modelo de la marca, elevando el valor de su garaje. Al final, en su mundo acelerado, compiten los decibeles del motor y los del escenario.
Saul Canelo Álvarez

Más allá de las cuerdas y los cinturones, Saúl “Canelo” Álvarez también colecciona victorias sobre el asfalto. En su flota destacan un Lamborghini Aventador blanco, un Audi R8 de 610 caballos de fuerza y un Ferrari 458 Italia capaz de lanzarse de cero a cien kilómetros por hora en 3,4 segundos, con facilidad casi violenta.
Y eso es sólo lo que alcanza a verse desde fuera del garaje: se rumorea que también posee un exclusivo Bugatti Chiron azul, de producción limitadísima. Cuando enciende cualquiera de esas máquinas, los vecinos escuchan primero el rugido del motor… y después entienden por qué su apodo habla de pegar tan duro, dentro y fuera.
Erik Rubín

Entre acordes de pop ochentero y reinvenciones constantes, Erik Rubín ha sabido mantenerse vigente en la música y la televisión mexicana. Ex integrante clave de Timbiriche, su imagen actual combina madurez artística y gusto por los detalles sofisticados, algo que también se refleja cuando toma el volante de un Porsche negro de líneas discretas y elegantes.
Ese deportivo suele acompañarlo entre foros, conciertos, reuniones familiares y proyectos nuevos, como si la ciudad fuera escenario permanente. Al recorrer las avenidas, el motor marca el tempo mientras él afina melodías, ideas y recuerdos de sus giras. Así, cada trayecto se convierte en una mezcla íntima de nostalgia, lujo y rock en movimiento.
Espinoza Paz

En Sinaloa, donde los sueños suelen empezar con una guitarra, Espinoza Paz pasó de jornalero a voz imprescindible del regional mexicano. El “Cantautor del Pueblo” guarda con orgullo su Chevrolet Impala 2007, al que bautizó como “coche de la humildad”, recordatorio constante de días en que todo era incertidumbre, polvo y esperanza terca muy viva.
Hoy comparte cochera con Mustangs, Camaros y otros juguetes modernos, pero el Impala sigue siendo su volante más emotivo. Cuando Espinoza lo enciende, repasa letras, sacrificios y nombres que marcaron su camino. Sabe que hay autos que presumen cromados y otros, como este, que guardan silenciosamente la vida entera, agradecida y humilde hasta el final.
Rafael Márquez

Figura clave del fútbol mexicano, Rafael Márquez trasladó su visión de líder del campo a la pasión por los motores. Además de triunfar con el FC Barcelona y la Selección, disfruta coleccionar autos y motocicletas de alta gama, incluido un MINI juguetón que desentona entre tanta máquina intimidante, pero igualmente veloz en cada trayecto diario.
Hoy, lejos del ruido de los estadios llenos, el llamado “Káiser” cambia entradas y barridas por curvas calculadas y rectas tentadoras. Al volante, administra potencia con la misma frialdad con la que organizaba defensas. Cada salida en coche confirma que su elegancia competitiva también sabe vivir fuera del césped y seguir marcando ritmo a diario.
Sergio Checo Pérez

Sergio “Checo” Pérez convirtió su nombre en sinónimo de Fórmula 1 para millones de aficionados mexicanos. Acostumbrado a adelantar a más de 300 km/h, fuera del circuito se relaja con dos consentidos: un McLaren MP4-12C Spider de más de 600 caballos y un Subaru Impreza WRX STI preparado para diversión en cualquier tramo que elige.
Cuando pisa el acelerador de alguno de estos coches, los semáforos parecen volverse simples sugerencias y no órdenes estrictas. El piloto escucha cada rugido como si fuera un mensaje del box: ajustar ritmo, tomar la mejor trazada, llegar puntual y seguir demostrando que la velocidad también se vive fuera, más allá del casco y semáforos.
Ángela Aguilar

Heredera de una dinastía que marcó al regional mexicano, Ángela Aguilar ha logrado que su nombre tenga brillo propio. Éxitos como En realidad y Qué agonía la acompañan cuando se sube a sus consentidos: una Chevrolet Suburban GMT 900, un Tesla Model 3 y una Ford F-250 ochentera que huele a nostalgia, campo y carretera.
Entre giras, premios, polémicas y colaboraciones, su colección de autos combina tradición, modernidad y un lujo discreto que crece junto con su fama. Se han mencionado obsequios de súper lujo, incluidos modelos Rolls-Royce, pero más allá de rumores, lo seguro es que cada motor que conduce parece seguirle el ritmo a su voz.
Pepe Aguilar

En la dinastía Aguilar, Pepe se ganó un sitio propio mezclando tradición, mariachi y guiños de rock en cada presentación. Dueño de éxitos como “Por mujeres como tú” y “Miedo”, baja del escenario sin perder adrenalina: lo espera su Corvette Z06, deportivo que convierte cualquier tramo recto en tentación peligrosa de velocidad pura y lujosa.
Dicen que cuando el V8 despierta, el cronómetro marca 3.35 segundos de cero a cien y la calma desaparece del mapa. Valuado entre 120,000 y 150,000 dólares, el Z06 deja claro que no es sólo capricho caro: es la forma en que Pepe acelera su libertad personal en cada kilómetro, curva, noche y madrugada cantada.
Christian Nodal

Bajo luces de escenario y cámaras curiosas, Christian Nodal fue cambiando guitarras sencillas por motores de otro nivel. Hoy presume un Ferrari 488 Pista de más de 300 mil dólares, V8 furioso y curvas de exhibición, convertido en mito tras el accidente que sufrió en 2020 y aún cuando canta despecho en cada kilómetro nocturno.
Además del Ferrari protagonista, conserva un llamativamente modesto Kia Soul y acostumbra regalar vehículos como si fueran estrofas: una camioneta a su maestro y modelos de lujo para personas cercanas. Con cada llave que entrega, Nodal prueba que el exceso también puede tener corazón, aunque a veces su música sea siempre quien lo explique mejor.
Eugenio Derbez

Entre guiones, sets y estrenos internacionales, Eugenio Derbez levantó una carrera que conecta la televisión mexicana con Hollywood. Actor, comediante, productor y director, convirtió el humor en industria. Esa combinación de creatividad y negocio se refleja también en su afición por los autos poco comunes, piezas que parecen chistes visuales sobre ruedas increíbles y memorables.
En su colección conviven un Ford Convertible Club Coupé de 1947 heredado de su padre, un diminuto Peel P50 y un Kabinenroller de época, autos tan raros como entrañables. Juntos suman varios millones de dólares. Cuando enciende cualquiera, el vecindario entero escucha, sonríe y siente que siempre empieza como si fuera su gran premiere privada.
Jaime Camil

Desde telenovelas hasta comedias internacionales, series, películas y musicales, Jaime Camil se ha ganado al público con una combinación peculiar de elegancia y humor. Actor, cantante, compositor, presentador, director y productor, ha brillado en títulos como La fea más bella y Jane the Virgin, cruzando fronteras sin abandonar su picardía latina ni su sonrisa inconfundible.
Lejos de los foros, comparte tiempo con su familia y disfruta algunos caprichos bien ganados, como su Tesla negro de líneas sobrias y alma eléctrica. El auto avanza casi en silencio, pero cada trayecto atrae miradas, selfies furtivas y suspiros; en cada esquina y cruce basta verlo llegar para que hasta los semáforos parezcan sonreír.
Alejandro Speitzer

Alejandro Speitzer creció frente a las cámaras, pasando del niño travieso de telenovela al protagonista que hoy conquista plataformas y alfombras rojas. Con proyectos como “Señora Acero”, “La reina del sur” y thrillers actuales, comparte reflectores y vida con Ana María Vallarta, cómplice perfecta para estrenar descapotables y miradas indiscretas, entre ciudades, premieres y viajes.
Al volante de su descapotable último modelo, lleva la misma seguridad con la que enfrenta la lente: postura impecable, gafas oscuras y esa expresión de “sí, claro que volteaste”. Cada semáforo se siente como premier, cada curva como sesión de fotos, dejando comentarios, suspiros y celulares apuntando detrás suyo, como alfombra roja en plena avenida.
Galilea Montijo

Convertida en figura constante de la televisión mexicana, Galilea Montijo también ha extendido su reino más allá del foro. En 2025, durante el Festival del Mar en la Playa Bagdad de Matamoros, Tamaulipas, fue coronada Reina del Mar y llegó montada en una Jeep Gladiator 6x6 imponente, brillante, desafiante, como si fuera carroza real blindada.
Cuando la camioneta avanza sobre la arena, parece que la playa entera se convierte en set de televisión en vivo. Su sonrisa domina cámaras y celulares, el motor retumba entre palmeras y carpas, y cada ola que se rompe cerca del escenario confirma quién manda ahí: la reina absoluta del rating costero mexicano en verano.
Vadhir Derbez

Con mirada de aventura y gusto por la adrenalina, Vadhir Derbez ha ido armando una historia tan cinematográfica como sus proyectos. Actor, cantante y creador digital, combina sets de rodaje con una pasión especial por los autos: presume un Vanderhall Venice de tres ruedas, mitad moto, mitad roadster elegante listo para girar cabezas a diario.
A su lado brillan un MG 4 Electric, fruto de colaboraciones recientes, y un Charger 1966 que huele a gasolina antigua y carreteras infinitas. Completa la flota la camioneta familiar que fue de su abuelo y primer auto de Eugenio Derbez, reliquia que guarda más anécdotas que cualquier álbum. Cada arranque hace rugir su pasado.
Sebastián Rulli

Protagonista de romances televisivos que marcaron época, Sebastián Rulli llevó su imagen de galán impecable también a los motores. Fan declarado de los autos de lujo, presume en su cochera un BMW brillante y una X5 contundente, dupla que combina comodidad, potencia y esa elegancia que no necesita demasiadas palabras para brillar sin esfuerzo alguno.
En 2025, su romance con el volante se volvió oficial al nombrarlo embajador de Geely, rostro del SUV Monjaro de diseño futurista y tecnología abundante. Cada vez que sube, mezcla postura de protagonista, manos firmes en el volante y rutas largas, como si cada trayecto fuera capítulo nuevo, sin final escrito todavía para nadie, jamás.
Julión Álvarez

En la escena del regional mexicano, pocos nombres levantan tantos coros como el de Julión Álvarez, apodado “El Rey de la Banda”. Su voz potente y estilo directo lo mantuvieron en la cima pese a polémicas y frenos en su carrera. Aun así, llena recintos, gira constantemente y conserva una base de fans fieles.
Entre los frutos de esos años de éxitos aparece su Chevrolet Equinox LT, camioneta pensada para combinar comodidad, espacio y fuerza suficiente para carretera y terracería. Cuando Julión la conduce, el estéreo sube al máximo y los comentarios quedan atrás en el retrovisor. En su universo, las notas altas y la tracción mandan.
Gerardo Ortiz

Pocas voces del regional mexicano suenan tan reconocibles como la de Gerardo Ortiz, que transformó sus corridos y baladas en giras multitudinarias y una fortuna notable. Ese éxito también rugió sobre el asfalto: al centro de su colección presume un Bugatti Veyron, capaz de dejar miradas congeladas en cualquier semáforo nocturno de la ciudad entera.
Dentro de su garaje lo escoltan un Rolls-Royce, varios Lamborghini, un McLaren 720S y una Jeep TJ Rubicon 2023, cada uno con personalidad de corrido explosivo. Cuando gira la llave, suena el motor, sube el volumen del estéreo y queda claro: también maneja el lujo con actitud peligrosa, sin pedir permiso a absolutamente nadie jamás.
Yanet García

Convertida en fenómeno global desde sus días como “chica del clima”, Yanet García pasó de leer el pronóstico a dominar Instagram, OnlyFans y la alfombra roja. Modelo, actriz e influencer, ha participado en cintas como Sharknado 5, Bellezonismo y Qué huevos Sofía, mientras consolida una marca personal centrada en fitness, sensualidad y negocio digital rentable.
Su mediático romance con Lewis Howes terminó en 2021, y él se casó después con Martha Higareda, tema que ella prefiere responder con glamour y silencio estratégico. Hoy conduce autos de lujo, crea contenido exclusivo, estudia cine y canta al volante: más que exnovia famosa, se maneja como empresaria sensual, profesional, muy segura, siempre independiente.
Enrique Bunbury

Con la voz rasgada y un pie siempre en la carretera, Enrique Bunbury pasó de líder de Héroes del Silencio a solista de culto. Himnos como “Lady Blue”, “El extranjero” e “Infinito” lo acompañaron desde aquel Renault 8 heredado de su abuelo hasta un Mustang clásico rugiendo libertad en Los Ángeles en sus noches largas.
Hoy se comenta que aquel escarabajo morado de sus sueños infantiles podría cambiar de dueño, mientras el Mustang parece perderse entre recuerdos y garajes ajenos. Tal vez el rebelde del rock sólo cambió de compañero de ruta: lo cierto es que conduce su leyenda con combustible de guitarras encendidas en cada ciudad que visita ahora.
Ezra Miller

Su fama está construida a base de papeles intensos, Ezra Miller se mueve entre alfombras rojas y titulares polémicos con la misma naturalidad. De “Afterschool” a “Tenemos que hablar de Kevin” y “Animales fantásticos”, su carrera refleja un gusto por lo incómodo, lo raro y lo brillante, también visible en sus caprichos mecánicos sobre ruedas veloces.
Se dice que sueña con modelos extremos como el Rolls-Royce Boat Tail, valorado en más de veintiocho millones de dólares, auto que parece funcionar con ego y champaña fría más que con gasolina. Cuando cualquier motor suyo despierta, vibra el asfalto, se incomodan los magos ficticios y hasta los superhéroes se ponen peligrosamente celosos ahí.
Lolita Cortés

Desde los escenarios más exigentes hasta los talleres mecánicos más impredecibles, la historia de Lolita Cortés también se escribe sobre ruedas. La actriz y reina del teatro musical mexicano vio renacer su querido Corvette gracias a Martín Vaca en Mexicánicos, convertido en pieza única que mezcla frontal de 1958 con trasera de 1964, perfectamente inolvidable.
Cuando ese Corvette híbrido despierta, ni los críticos más temidos se atreven a levantar la tarjeta mental de desaprobación. El rugido del motor y sus líneas mitad clásico, mitad futurista, anuncian que llega una artista irrepetible, capaz de convertir cada trayecto corto en función privada donde su carácter siempre tiene la última palabra en escenario.
Thalía

Thalía no solo vive en la memoria con “Piel morena” o sus telenovelas noventeras; también pisa fuerte cuando toma el volante. Su esposo, el productor Tommy Mottola, la sorprendió en 2018 con un Bentley Continental GTC, convertible británico con motor V8 4.0 litros y 507 caballos, hecho para reinas declaradas del pop latino y mundial.
Ese mismo año añadió a su garage una Tesla Model X, eléctrica, silenciosa y tan futurista como los videoclips que comparte en redes. Entre ambos vehículos suma una fortuna sobre ruedas que muchos solo imaginan. Y todavía queda la duda: ¿canta más fuerte Thalía o acelera mejor la tecnología que la acompaña en cada trayecto?
Saúl Alarcón

Con sombrero bien puesto y micrófono en mano, Saúl Alarcón se ganó el apodo de “El Jaguar” rugiendo en escenarios de música regional. Temas como “Eres todo para mí” y “Sólo contigo” lo acompañan mientras presume dos Chevrolet Suburban dominando la calle y un Corvette afilado, pensado para devorar kilómetros sin titubeos, sin parar jamás.
Entre giras maratónicas, firmas de autógrafos y amaneceres en carretera, su agenda se mueve al ritmo del tacómetro. Para Saúl no existen domingos tranquilos: hay conciertos, casetas y curvas que exigen carácter. Cada vez que acelera, el Jaguar marca territorio con luces altas y deja su eco sonando largo después del último aplauso muy lejos.
Edson Álvarez

Nacido en Tlalnepantla y forjado en canchas europeas, Edson Álvarez convirtió el apodo de “Machín” en marca registrada. Tras brillar en el Ajax, hoy reparte orden y garra en el West Ham United, mientras maneja un Porsche Cayenne S Coupé que confirma que su presente se escribe entre estadios llenos y garajes poderosos muy lujosos.
Hoy el rugido de ese motor acompaña sus cierres defensivos, viajes familiares, concentraciones y regresos con la Selección Mexicana. Edson no persigue el lujo: la Premier y los patrocinios lo persiguen. Cada vez que gira la llave, su mejor gol se celebra conduciendo, sin mirar jamás hacia atrás sonriente por todo el mundo.
Andrea Legarreta

En los hogares mexicanos, pocas mañanas empiezan sin el rostro de Andrea Legarreta encendido en pantalla. Actriz desde niña y conductora estelar de Hoy, ha pasado por telenovelas como Vivan los niños, Baila conmigo y Piel de otoño, construyendo una imagen cercana, profesional y sorprendentemente constante, y cada día reafirma su sitio como referente indiscutible.
Fuera del foro, también conduce su historia con estilo propio: disfruta una camioneta GMC valuada en más de setenta y cinco mil dólares, equipada para una estrella que vive entre llamados, escuela de sus hijas y eventos nocturnos. Al volante, combina seguridad, elegancia y esa calma firme con la que guía toda su carrera diaria.
Alejandro Salomón

Magnate del motor y creador de contenido, Alejandro Salomón, mejor conocido como Salomondrin, transformó su obsesión por los superdeportivos en un imperio digital global. Empresario y productor, dejó los negocios tradicionales de Hollywood para rodearse de caballos de fuerza, grabando su día a día entre pistas, reuniones, proyectos automotrices y una comunidad enorme en línea.
Su garaje parece museo privado: modelos de Porsche, Lamborghini, Ferrari, McLaren, Tesla y Mercedes-Benz, con su Mercedes AMG GT como estrella recurrente de videos y aventuras. Con una fortuna de varios millones de dólares, compra, vende y modifica autos como guiones; cada acelerón termina firmando su nombre sobre el asfalto, por ciudades, circuitos y autopistas.
Angel Reyna

Hubo un tiempo en que el nombre de Angel Reyna retumbaba únicamente entre cantos de barra y narraciones de gol. Hoy, el exjugador de América y Monterrey protagoniza otra historia: maneja una Chevrolet radicalmente modificada, con frente de Rolls-Royce, trasera de Lamborghini y presencia de rockstar que roba miradas en cualquier avenida de la ciudad.
Sin escudo en el pecho pero con ego bien pulido, Reyna convirtió esa máquina en su manifiesto personal: mitad lujo, mitad rebeldía. La camioneta ruge, las bocas se abren y los teléfonos se levantan; él sonríe, acelera y confirma que ya no necesita árbitro para seguir causando controversia en movimiento por toda la ciudad nocturna.
Miguel Layún

Desde Veracruz hasta los principales estadios de México y Europa, Miguel Layún construyó una carrera marcada por la versatilidad, el sacrificio y la elegancia. Sus pasos por clubes nacionales e internacionales se reflejan hoy en un garaje soñado, donde su BMW i8 híbrido destaca como pieza futurista, aerodinámica y absolutamente inolvidable de alto impacto global.
Con más de 150.000 dólares bajo el cofre, su i8 combina motor eléctrico, potencia deportiva y un diseño que parece sacado de una película de ciencia ficción. Cada vez que Layún enciende el auto, el sonido del motor se mezcla con recuerdos de estadios llenos, goles decisivos y viajes irrepetibles futbolísticos por todo el mundo.
Alexis Vega

Entre cánticos de estadio y flashes nocturnos, Alexis Vega juega su propio partido cuando se apagan las cámaras. Delantero mexicano que ha brillado en clubes como Chivas y Toluca, disfruta conducir un Mercedes AMG 45 valuado en unos 70.000 dólares, compacto furioso donde cada acelerón parece repetir los coros de su afición en todo México.
Cuando el AMG despierta, las calles se transforman en un nuevo estadio sin líneas de banda ni árbitro que lo frene. Vega no sólo maneja: provoca miradas, historias y videos en cada semáforo. Su coche funciona como metáfora perfecta de su carrera: explosiva, técnica, impredecible y plenamente lista para sorprender a propios y extraños, siempre.
Chicharito Hernández

Ídolo de México y viajero de ligas, Chicharito Hernández cambió las ovaciones del estadio por el eco de motores selectos cuando se baja del césped. En su colección destacan un Corvette Stingray, un Audi Q7 y una camioneta Audi A8, trío de lujo que refleja goles, contratos, viajes y años de gloria internacional contundente imborrable.
Cuando decide sacar sus autos del garaje, el tráfico parece acomodarse para verlo pasar, entre fotos furtivas y claxonazos emocionados. No necesita presumir medallas: le basta girar la llave, dejar cantar al motor y seguir sumando kilómetros de historia, como si cada recorrido fuera otro gol celebrado a distancia por aficionados, vecinos, curiosos y cámaras.
Giovani dos Santos

De niño prometía magia con el balón y terminó escribiendo capítulos inolvidables en Europa y la MLS, pero hoy Giovani dos Santos reparte estilo también fuera de la cancha. El futbolista mexicano, nacionalizado español, disfruta un Bentley Continental de más de 200 mil dólares, tan refinado como esos controles suaves que parecían coreografía casi teatral.
Del césped a la autopista, Gio mantiene su sello: velocidad sin esfuerzo y elegancia que no necesita narrador. Al encender su Bentley, parece sonar un himno al talento que se extraña y a la clase que permanece; algunos cracks se apagan, él sólo decidió cambiar de cancha, ritmo y escenario, sin pedir permiso a nadie.
Oribe Peralta

Conocido como el “Cepillo” del gol, Oribe Peralta hizo historia en las canchas y sigue demostrando que la gloria se lleva al volante. Después de una carrera llena de momentos memorables con la Selección Mexicana, ahora se pasea con la misma precisión y carácter al volante de su Mercedes-Benz Clase G63, una joya de más de 180,000 dólares.
Cada vez que arranca, la G63 se convierte en su nueva cancha, el trofeo rodante que celebra su legado. Con la misma confianza con la que definía frente al arco, Peralta pisa el acelerador y se enfrenta a las curvas de la vida, sin miedo ni frenos. El rugido de su motor, como el eco de su victoria, sigue resonando fuerte.
Jürgen Damm

Del brillo con Tigres al espectáculo de luces del Atlanta United, Jürgen Damm convirtió su velocidad en tarjeta de presentación. En plena cima profesional se permitió un capricho acorde a sus carreras: un Lamborghini Huracán EVO 2020, superdeportivo italiano que presumió en redes, levantando en segundos envidia, debates y miles de comentarios en todo México.
El sueño, sin embargo, quedó estacionado lejos de casa: decidió no traer el Huracán a México por costos de seguro, mantenimiento y calles poco amistosas con autos tan bajos. Aun ausente, el deportivo sigue siendo su emblema de triunfo, recordatorio brillante de una carrera jugada siempre al límite, como un gol imposible desde media cancha.
Rodolfo Pizarro

Desde los vestidores de México hasta los focos de Miami, Rodolfo Pizarro convirtió su creatividad en carta de presentación. Mediocampista de talento alegre y carisma evidente, presumió también un Porsche 911 valuado en más de 103.000 dólares, deportivo que mezcla precisión, elegancia y una potencia lista para desbordar cualquier recta urbana, sin pedir permiso jamás.
Cada vez que pisa el acelerador, el paisaje parece entrar en cámara lenta mientras el 911 ruge como tribuna en noche decisiva. Pizarro traza curvas como antes imaginaba paredes y caños; no sólo maneja, diseña jugadas a toda velocidad y deja su firma grabada en asfalto, memoria y repetición eterna para quienes lo siguen soñando.